COMUNICACIÓN Y HUMANIDAD
ATENCIÓN TEMPRANA Y ENTORNO FAMILIAR
Claves para el Desarrollo Infantil
20 de mayo de 2020
Desde el momento en que un recién nacido toma contacto con la realidad que lo rodea, comienza un proceso esencial de comunicación interpersonal. Este proceso se lleva a cabo principalmente a través de la interacción con sus padres, quienes desempeñan un papel fundamental.
Esta primera atención temprana es crucial para cualquier bebé. En el caso particular de niños con condiciones especiales, su propósito es desarrollar al máximo sus capacidades, mitigar los efectos de su condición y prevenir la aparición de problemas secundarios.
¿CÓMO CONSEGUIR ESTOS OBJETIVOS?
Todos los profesionales coinciden en destacar la importancia de los tratamientos médicos necesarios, ya que es lógico que un niño enfermo no responda de la misma manera que uno en óptimas condiciones de salud.
Aceptando esta premisa, es fundamental entender que la atención temprana, enfocada en el desarrollo sensoriomotor del niño, no puede ser efectiva sin un entorno familiar estable, adecuado y natural. Es importante recalcar que una estimulación adecuada no debe confundirse con una sobreestimulación.
Actualmente, los profesionales adoptan un enfoque más integral debido a la importancia decisiva del ambiente familiar en la evolución del niño. Se ha demostrado que el desarrollo, la autonomía y el bienestar infantil son mayores cuando se trabaja conjuntamente con los padres y en un entorno natural.
Diversas investigaciones sobre los efectos de los programas de atención temprana han arrojado resultados positivos, lo que motiva a continuar por este camino debido a los numerosos beneficios obtenidos:
- Los niños que reciben estimulación alcanzan niveles de desarrollo más altos que aquellos que no la reciben, en prácticamente todos los ámbitos.
- Los niños estimulados adquieren hitos del desarrollo a edades más tempranas en comparación con los del grupo de control.
- En los niños estimulados, se observa un menor declive en su coeficiente de desarrollo o Coeficiente Intelectual (CI) durante los primeros años, en comparación con los niños que no reciben estimulación.
A estos beneficios se suman otros efectos positivos a mediano plazo, como mejoras en la salud, en la conducta de los padres y en los niveles de independencia personal alcanzados por los niños.
Los especialistas han comprobado que el buen desarrollo de un niño con síndrome de Down está directamente relacionado con la actitud positiva de su entorno familiar y social. Se ha observado que aquellos jóvenes con buenos niveles de autonomía personal, habilidades sociales y una personalidad equilibrada suelen crecer en ambientes familiares estables, sin cambios bruscos ni tensiones, en un entorno relajado y natural.
Según M. V. Troncoso, especialista en pedagogía terapéutica:
"Estas observaciones y datos experimentales deben ser para todos nosotros una llamada de atención. La variable ambiental, que juega un papel decisivo en la vida de cualquier niño y en la que podemos influir, debe ser la mejor posible. De este modo, podrá compensar al máximo la variable genética, en la que aún no podemos intervenir".
El equipo médico encargado de comunicar el diagnóstico a los padres, ya sea en la etapa gestacional o neonatal, debe ser consciente de que la espera de un hijo genera expectativas y temores naturales. Recibir un diagnóstico de esta índole no es fácil ni para los padres ni para sus familias.
Es comprensible que los médicos, debido a su labor cotidiana, se habitúen a tratar casos difíciles con mayor o menor impacto. Sin embargo, aunque es importante mantener la objetividad profesional, también lo es demostrar sensibilidad y tacto al transmitir la información. La manera en que los padres reciben esta noticia influye significativamente en la forma en que asumirán el primer contacto con su bebé.
La comunicación del diagnóstico debería seguir el siguiente plan:
- Información sobre el estado de salud del bebé, así como si se ha tenido que recurrir a algún procedimiento de resucitación.
- Hay que dejar a la madre y al padre durante algún tiempo solos con su bebé.
- Establezca un diagnóstico clínico con su grado de certidumbre. Por ejemplo, “está muy bien de salud, pero les tengo que dar una noticia que quizás no esperen; su bebé tiene Síndrome de Down”.
- Cuando se refiera al niño, utilice su nombre. Toque al bebé, a ningún padre le gusta que traten a su hijo con repugnancia.
- La comunicación del diagnóstico puede generar sentimientos negativos e incomprensión en el padre y/o la madre. Asegúrese que entienden los conceptos que les da, utilice un lenguaje claro y accesible, haga preguntas del tipo “¿Qué sabe del Síndrome de Down?”.
- No se puede educar a los padres en el primer momento. No los sature de información, dosifíquela y ofrezca sólo aquélla que responda las preguntas inmediatas y que reduzca la tensión del momento. Más adelante se les irá ofreciendo más información.
- Cuando la madre y el padre se han recuperado del impacto inicial, se debe tener una conversación más pausada. Los padres tendrán un montón de preguntas que hacer. Aclare las dudas, descartando los mitos y falsos conceptos. En esta conversación tiene que estar presente el bebé.
- No trate de predecir. Nadie puede conocer el futuro de un recién nacido. Explique que cada niño es único, que desarrolla sus capacidades de forma diferente. Huya de los tópicos y no utilice frases del tipo “será muy cariñoso y le gustará la música”.
- Recuerde que el padre y la madre pueden necesitar tiempo para estar a solas, aunque también precisan sentir la confianza para recurrir al doctor en cualquier momento.
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